
Todos los lunes a las 20, la intersección de la Avenida Rivadavia y la Avenida de Mayo, en Ramos Mejía, se convierte en un espacio de encuentro impulsado por “La Olla de Justina y Fari”, la iniciativa solidaria de vecinos matanceros para alimentar a las familias más vulnerables y personas en situación de calle.
Desde sus inicios diez años atrás, la concurrencia a “la olla” no dejó de aumentar; y si bien muchos comedores comunitarios cierran sus puertas durante el verano, Carlos y Gabriela Faria, impulsores de la iniciativa, redoblan el esfuerzo para atender la creciente demanda de la comunidad.
“Hay comedores de vacaciones, pero nosotros no paramos. En enero y febrero vamos a tener que duplicar la comida: generalmente cocinamos para 70 personas, pero el lunes pasado hicimos la cena para 130 aproximadamente”, indicó Gabriela Faria en diálogo con El1.
Cada lunes, trasladan la olla de comida junto con bebidas, platos, cubiertos y una mesa para compartir con los vecinos la hora de la cena. “Hoy vamos a servir arroz primavera con lechuga, tomate, salchichas y huevo, para que sea un poco más nutrido. Cocinamos lo que la capacidad de la olla nos permite, y por suerte todos los que se acercan se pueden llevar su plato de comida”, aseguró.
«La Olla de Justina y Fari», una propuesta solidaria impulsada por la comunidad
Para que el operativo de cada semana sea un éxito, los Faria cuentan con la ayuda y colaboración de familiares, amigos y voluntarios. “Si falta algo, con mucha dedicación ellos se encargan. Cada semana tenemos que hacer números y ver qué conseguimos para cocinar, porque la demanda es mucha. Antes veíamos muchas personas solas, pero ahora se acercan familias completas, padres e hijos”, señaló Gabriela.

Además de brindar un plato de comida, los Faria buscan establecer lazos con la comunidad. “Si bien nos gustaría estar más en contacto, muchas veces ocurre que somos pocos. Algunos días solo llegamos a servir, pero siempre que podemos hablamos con los vecinos para conocerlos”, compartió.
Asimismo, la “olla” cuenta con la colaboración de bibliotecarias que incentivan la lectura. “Nos encontramos con muchos lectores que no tienen para comprar un libro, entonces el primer lunes de cada mes repartimos libros. Nunca falta ninguno de los que se prestan y la gente siempre se lleva uno distinto. Es una excusa para acercarnos a la gente, preguntar sus nombres, conocer sus gustos y ayudar en lo que podamos”, destacó.
Navidad, Año Nuevo, la llegada de la primavera, cumpleaños y logros personales de los vecinos son excusas para celebrar una comida especial cada lunes. “La idea es hacer que la vida sea un poco más amena. Nosotros no queremos victimizar a nadie, sino brindar un poco de cariño. Eso es lo que me enseñaron siempre mis viejos”, expresó Gabriela.
Quienes deseen colaborar con la propuesta, pueden comunicarse con Gabriela Faria al 11-2639-0761.

Fuente: El1Digital