Buenos Aires, comienza una nueva manera de convivir en la población después de 1810. Liberados de Cisneros y creada la Primera Junta. El pueblo sintió su vocación patriotica luego de vencer a la Gran Bretaña en 1807. Y desde ese momento, pensó deponer el dominio español en la persona del Virrey. Una vez logrado esto el comercio “floreció” rápidamente y dió paso a los vendedores ambulantes que ofrecían su mercancía a los pobladores de la gran aldea. Hubo vendedores de gallinas, pavos o cerdos, que arreaban desde su caballo y con una larga vara de hierro con una gancho en la punta, escogían con destreza el ave señalada por el comprador. Todo se realizaba a caballo, en el que ponían sus mejores atuendos al animal.
Lo graneado del comercio se concretaba en la recova de Plaza de Mayo, dividiéndola en 2 con 48 locales, 24 de cala lado. Allí se comercializaba libremente toda clase de productos del país. Solo había dos despachos de empanadas, las del Norte y las de Cuyo, además de las empanadas Federales. Su relleno consistía en carne de gallina, clavos de olor y peras cortadas al cubo y cocidas en azúcar.
Ocupaban la recova, talabarteros, pasteleros, aceiteros, yuyeros, aceituneros, carniceros, almacenes, pescaderías, tiendas, panaderías, fruteros, pulperos, verduleros, zapateros y toda clase de orfebres. El lechero, el aguatero, el vendedor de velas, el diariero, más el mendigo, también lo hacían a caballo, debido al barro. Los otros rubros se extendían en calles aledañas. En los hogares se cocinaba a menudo, sopa de arroz, matambre, puchero, asado, carbonada, guisos, locros, albóndigas, zapallitos rellenos, estofado, puré de papas, picadillo con pasas de uva, y otro con trocitos de cerdo, mas el infaltable caldo servido de taza. Cuando se viajaba era apropiado el guiso carrero que satisfacía a los viajeros.
En la calle Suipacha 50, existía una tienda que no abría sus puertas, el dueño atendía a las coquetas damas, por el agujero, especie de puerta, por allí se introducían ellas para comprar las telas de última moda europea. El cuñado de Rosas, Miguel Rivero, platero, estaba en Bolívar 531. Manuel Cueto, escritor y tendero en México 563. Al lado una pulpería con clientes payadores. En la casona de los Escalada moraba la famosa Fonda de La Catalana, con sus mondongos a la española. Venezuela 730, Familia Masculina fabrica los grandes peinetones de la época. Casa de Tango México 362. Reñideros con reglamento. Venezuela 736. Farmacias, La Estrella y Los Angelitos, acreditaban su atención personal. Defensa 201. En la población porteña hubo comercios para todos los gustos.
En la actualidad a dos siglos de diferencia el país, creció vertiginosamente después de 1852. Y encontramos esos mismos espacios de antaño, con el cambio que se ha producido. En grandes confiterías de lujo, importantes tiendas de ropa, bares, cafés tradicionales, joyerías importantes, Banca Nacional e Internacional, casa de música, importantes líneas de transporte automotor y tranviario como los subterráneos inaugurados en 1913, siendo nuestro país el primero que tuvo ese adelanto, aparte de los ocultos pasajes subterráneos construidos por los Jesuitas, hechos históricos. Farmacias antiguas que perduran. Ópticas. Famosos cabaret, iglesias y plazas con historia. Visitas guiadas para el turista, las tanguerias que pueblan la noche porteña.
¿Qué le falta a Buenos Aires para igualarse con las grandes metrópolis del mundo?
Autor: Angel Verger
Escritor - Historiador
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