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El túnel de Rivadavia fue inaugurado en 1981, después de varias complicaciones.
El acto contó con la participación de autoridades provinciales y municipales.
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La Ciudad de Ramos Mejía, una de las más importantes en lo que se refiere a su historia y evolución como ciudad moderna, contaba con un resabio de la mala ampliación de las disposiciónes legales relativas a los pasos a nivel.
En 1858, con la llegada del ferrocarril al pueblo y con tan pocos habitantes en el partido, dos pasos a nivel eran más que suficientes para justificar una adecuada relación entre Norte y Sur. Vale mencionar que, ya por esa época, Ramos Mejía era una zona de quintas y de residencias con grandes superficies.
El problema comenzó a mediados del siglo XX, ya que los pasos a nivel no daban a vasto y el costo representaba el doloroso saldo de más de 50 víctimas fatales por año, por lo que había que buscar una solución. Fue entonces cuando comenzó a materializarse, el 7 de enero de 1980, la construcción de un túnel peatonal que, partiendo de la vereda sur de Rivadavia y Bolívar, atravesaba, con un recorrido de más de 50 metros, la Avenida y las bases de las vías hasta llegar a la acera norte de la estación, sobre la calle Ardoino y frente a la Plaza Sarmiento.
Las obras, magníficamente proyectadas, comenzaron en fecha y con la promesa de su inauguración en un plazo de 90 días. Pero las dificultades iban apareciendo.
Como simultáneamente se encaró la remodelación de la Avenida Rivadavia desde Moreno hasta la Avenida de Mayo, la obra se complicaba. Había que coordinar con trece empresas que no entraban en los cálculos. Además, en la base del túnel apareció un cable coaxil del cual no se tenían noticias...
Todo esto, ocasionó un atraso en la obra y un aumento en el costo, que se elevó en 120 mil dólares.
Otro de los inconvenientes apareció al ensanchar Rivadavia ya que, el replanteo de la obra alargó el plazo y decuplicó el costo de la obra del túnel.
Finalmente, en el mes de junio de 1981, el túnel se inauguró con la presencia de autoridades provinciales, municipales y la bendición de nuestro Monseñor Bazán. Sin embargo, la lluvia ingresó en el túnel y lo inundó.
En el plano actual, existe una dificultad más importante. Pese a haber pensado que la obra sería una solución, el túnel se utiliza poco.
Los periódicos de la época comentaban:
“... suponíamos que el túnel serviría para terminar definitivamente con los accidentes producidos, en primer lugar, por el ferrocarril y, en segundo lugar, por el tránsito automotor... La gente lo utilizaba pero, muchos, cruzan por sobre el túnel...”
Hay que conseguir que la población tome conciencia; que los que saltan los alambrados o cruzan por los lugares no habilitados, no sólo arriesgan su vida, sino que también exponen la vida de los demás y serán responsables de los daños que produzcan...Pero eso es tema para otra nota futura.[tR]
Alfonso Corso
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